sábado, 28 de marzo de 2020

Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus]; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«La respuesta siempre está en el análisis concienzudo de los hechos, y no en las abstracciones mentales de estos «osados pensadores», estos «filósofos de la desconfianza». Lo que debe quedar claro es que de esta modalidad de «conspiranoicos» se basan en un reduccionismo tan simple como tonto −valga la redundancia−: si un hecho cualquiera ha beneficiado a un determinante agente político −o no lo ha perjudicado tanto como al resto−, este debe estar detrás del hecho mencionado, debe haberlo provocado en beneficio propio. Esto es absurdo. Tomemos un ejemplo histórico: la España de la época de Alfonso XIII y en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-18). Su neutralidad en el enfrentamiento le permitió establecer relaciones comerciales prósperas con los dos bloques imperialistas en pugna, por ende, algunos sectores de la economía española entraron en una pequeña fase de bonanza pronunciada mientras duró el conflicto. Por tanto, la guerra interesó a Madrid. Entonces, si seguimos la lógica de estos «avispados analistas», ¿debemos concluir que los industriales, terratenientes o banqueros hispanos provocaron esta conflagración mundial? Nada más lejos de la realidad. Si tomamos los hechos, que suelen ser muy tozudos −como para que permanezcan ocultos ad infinitum−, el capitalismo español pintó muy poco como catalizador de la Primera Guerra Mundial, por mucho rédito que extrajera de ella». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus], 2020)



Preámbulo

Si bien tarde o temprano tendríamos que habernos pronunciado sobre la actual crisis del coronavirus (COVID‑19) −enfermedad infecciosa provocada por el virus SARS-CoV-2−, lo cierto es que el motivo principal que nos ha impulsado a redactar este artículo ha sido otro fenómeno derivado, ¿cuál? Toda la serie de especulaciones y teorías hilarantes que han salido al paso para intentar explicar la pandemia vírica. Estas, por supuesto, si bien son ridículas y dañinas, no por ello nos pillan por sorpresa, sino que eran de esperar, dado que los actores que las predican o no dan para más o responden a una agenda programada muy determinada. 

Así pues, aprovechando la formación médico-sanitaria y aunado a un análisis riguroso, el Equipo de Bitácora (M-L) estima urgente realizar algunas aclaraciones al respecto sobre la crisis que hoy acontece, volviendo a advertir, que el coronavirus no es el único peligro en periodos de crisis, puesto que los demagogos y oportunistas intentarán pescar en río revuelto. 
Dicho esto, y sin más dilaciones, vamos a presentar al lector las siete grandes temáticas que iremos desgranando en el presente documento, para que de esta forma él pueda realizar una libre inmersión sabiendo de antemano que temas puede consultar, aunque siendo sinceros recomendamos que se realice una lectura íntegra para que así el individuo pueda hacerse una idea más rica y completa de todo el cuadro aquí representado: 

1) Las teorías conspiranoicas que circulan sobre el COVID-19;

2) Los mensajes de los medios de comunicación, la intelectualidad y los políticos capitalistas antes la crisis sanitaria 

3) El coronavirus y su repercusión en la economía capitalista mundial;

4) Medidas extraordinarias, filantropía y caridad de la burguesía en tiempos de crisis;

5) Algunos datos que demuestran la debacle del sistema sanitario español;

6) Los catastrofistas que creen que los desastres naturales «aceleran la revolución»;

7) ¿Qué es el COVID-19 y qué implica en términos sanitarios?

En todo caso, cualquier objeción o desarrollo que quede pendiente esperamos que sea comunicado por nuestros queridos lectores, puesto que para nuestra plataforma es fundamental el desarrollo del debate, la confrontación y acercamiento a la verdad, tanto con amigos como enemigos.

Notas:

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

viernes, 27 de marzo de 2020

La literatura que necesita el pueblo...


«Si nuestra antigua literatura fue en nuestro Siglo de Oro más brillante que sólida, si murió después a manos de la intolerancia religiosa y de la tiranía política, si no pudo renacer sino en andadores franceses, y si se vio atajado por las desgracias de la patria ese mismo impulso extraño, esperemos que dentro de poco podamos echar los cimientos de una literatura nueva, expresión de la sociedad nueva que componemos. (...) He aquí la divisa de la época, he aquí la nuestra, he aquí la medida con que mediremos; en nuestros juicios críticos preguntaremos a un libro: «¿Nos enseñas algo? ¿Nos eres la expresión del progreso humano? ¿Nos eres útil? Pues eres bueno». No reconocemos magisterio literario en ningún país; menos en ningún hombre, menos en ninguna época, porque el gusto es relativo; no reconocemos una escuela exclusivamente buena, porque no hay ninguna absolutamente mala. Ni se crea que asignamos al que quiera seguirnos una tarea más fácil, no. Le instamos al estudio, al conocimiento del hombre; no le bastará como al clásico abrir a Horacio y a Boileau y despreciar a Lope o a Shakespeare; no le será suficiente, como al romántico, colocarse en las banderas de Víctor Hugo y encerrar las reglas con Molière y con Moratín; no, porque en nuestra librería campeará el Ariosto al lado de Virgilio, Racine al lado de Calderón, Molière al lado de Lope; a la par, en una palabra, Shakespeare, Schiller, Goethe, Byron, Víctor Hugo y Corneille, Voltaire, Chateaubriand y Lamartine. (...) Rehusamos, pues, lo que se llama en el día literatura entre nosotros; no queremos esa literatura reducida a las galas del decir, al son de la rima, a entonar sonetos y odas a las circunstancias, que concede todo a la expresión y nada a la idea, sino una literatura hija de la experiencia y de la historia, y faro por tanto del porvenir, estudiosa, analizadora, filosófica, profunda, pensándolo todo, diciéndolo todo en prosa, en verso, al alcance de la multitud ignorante aún, apostólica y de propaganda, enseñando verdades a aquellos a quienes interesa saberlas, mostrando al hombre, no como debe ser, sino como es, para conocerle; literatura en fin, expresión toda de la ciencia de la época, del progreso intelectual del siglo». (Mariano José de Larra; Literatura. Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra. Su estado actual. Su porvenir. Profesión de fe, 18 de enero de 1836)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Pese a las limitaciones del liberalismo-romántico de Larra, esta es una visión progresista y dialéctica sobre la cultura en un hombre de la España de principios del siglo XIX. Esto tampoco quita que ni él ni autores anteriores como Quevedo, Calderón de la Barca, Lope de Vega fuesen profundos creyentes, y dedicasen varias críticas hacia el ateísmo que carecen de toda validez. Pero centrarse en este aspecto sería metafísico y hasta anacrónico, hay que destacar lo positivo y desechar lo negativo. Enver Hoxha hizo un análisis muy lúcido en esta cuestión:


«Hay que situar correctamente a nuestros renacentistas en la época en que vivieron, trabajaron y lucharon, poner de manifiesto sus ideas como producto del desarrollo de la sociedad de aquella época, poner de manifiesto sus objetivos inmediatos y futuros. Si las cosas se plantean así, correctamente, resultará que estas figuras de nuestro Renacimiento eran destacadas personas de ideas progresistas, iluministas revolucionarios, valientes y animados de un amor grande y ardiente por su patria. Lucharon con el fusil y la pluma por la libertad y la independencia del pueblo, por su despertar. Todos éstos son sus aspectos positivos, que son grandes. Todas estas virtudes y características de la época del Renacimiento y de los renacentistas debemos darlas a conocer al pueblo. 

Pero, no debemos olvidar en ningún momento que estos mismos animadores de nuestro Renacimiento tienen sus aspectos negativos que deben ser sometidos a nuestra crítica marxista-leninista. Estas debilidades consisten en sus concepciones filosóficas, que son idealistas. Se trata de un pesado bagaje, de la filosofía de su época, que está en contradicción y en lucha con nuestra ideología.

¿Podemos acaso callar este antagonismo, esta lucha implacable, a muerte, que los marxista-leninistas libramos contra la filosofía idealista, contra la religión y las creencias religiosas? ¿Podemos acaso considerarles intocables, tabús, únicamente porque son renacentistas? ¿Podemos, por una parte, combatir resueltamente la teología, la religión, las iglesias y las mezquitas, los curas y los almuecines y, por la otra, exaltar aquellas partes de la obra de Naim en las que expresa su filosofía bektachiana, o de Mjeda donde trata de la teología cristiana, o de Cajupi donde el autor dice, por ejemplo, que Papa Tomori era el «trono de Dios», etc., y ofrecer todo esto al pueblo como alimento ideológico sólo porque aquéllos son renacentistas, grandes hombres que han sentado las bases del desarrollo de nuestra lengua y han contribuido a su formación, porque sus poesías son hermosas y porque han creado bellas imágenes?

No, como marxistas que somos y en interés del pueblo y del socialismo, debemos combatir estos aspectos negativos. En materia de ideología, podemos hacer concesiones a la poesía o a la lengua La apreciación que Engels hizo de la lengua de Lutero, como base de la lengua literaria alemana, en absoluto impidió evaluar a la luz de la verdad y desenmascarar el papel reaccionario de la Reforma antes y después del levantamiento campesino en Alemania». (Enver Hoxha; Sobre la revolucionarización en la escuela; Discurso pronunciado en la reunión del Buró Político del CC del PTA, 7 de marzo de 1968)

Queda aclarado por tanto, que como comentó Lenin:

«La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. (…) El marxismo adquirió importancia histórica como ideología del proletariado revolucionario debido a que, lejos de desechar las más valiosas conquistas de la época burguesa, aprendió y reelaboró por el contrario, todo lo que había de precioso en el desarrollo más de dos veces milenario del pensamiento y la cultura humanos. Sólo la labor efectuada sobre esta base y en este sentido, animada por la experiencia de la dictadura del proletariado, que es la etapa última de su lucha contra toda explotación, puede ser considerada como el desarrollo de una cultura verdaderamente proletaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de las ligas juveniles, 1920)

miércoles, 25 de marzo de 2020

Marx sobre los principios sociales del cristianismo


«Los principios sociales del cristianismo han tenido ya dieciocho siglos para desenvolverse, y no necesitan que un consejero municipal prusiano venga ahora a desarrollarlos. Los príncipes sociales del cristianismo justificaron la esclavitud en la antigüedad, glorificaron en la Edad Media la servidumbre de la gleba y se disponen, si es necesario, aunque frunciendo un poco el ceño, a defender la opresión moderna del proletariado. Los principios sociales del cristianismo predican la necesidad de que exista una clase dominante y una clase dominada, contentándose con formular el piadoso deseo de que aquella sea lo más benéfica posible. Los principios sociales del cristianismo dejan la desaparición de todas las infamias para el cielo, justificando con esto la perpetuación de esas mismas infamias sobre la tierra. Los principios sociales del cristianismo ven en todas las maldades de los opresores contra los oprimidos el justo castigo del pecado original y de los demás pecados del hombre o la prueba a que el Señor quiere someter, según sus designios inescrutables, a la humanidad. Los principios sociales del cristianismo predican la cobardía, el desprecio de la propia persona, el envilecimiento, el servilismo, la humildad, todas las virtudes del canalla; el proletariado, que no quiere que se lo trate como canalla, necesita mucho más de su valentía, de su sentimiento de propia estima, de su orgullo y de su independencia, que del pan que se lleva a la boca. Los principios sociales del cristianismo hacen al hombre miedoso y trapacero, y el proletariado es revolucionario». (Karl Marx; El comunismo del Rheinischer Beobachter, 12 de septiembre de 1847)

sábado, 21 de marzo de 2020

Sobre la cuestión nacional; ¿es, sin embargo, la separación la solución posible, conveniente, justa?



«¿Es, sin embargo, la separación la solución posible, conveniente, justa? Ateniéndonos a los principios de la teoría nacional leninista-estalinista, no hay nada que discutir: los catalanes tenemos el derecho de hacer de Cataluña un Estado independiente. Por tanto, la clase obrera de Cataluña no puede ser antiseparatista, ni puede opinar que la separación, en cualquier circunstancia, sería una aspiración o realización reaccionarias. ¿Se deduce de esto que la clase obrera de Cataluña es o tiene que ser separatista? ¡En absoluto! Quiere decir que la clase obrera de Cataluña, dada una situación histórica concreta, podría ser e incluso debería ser separatista, sin deformación nacionalista y contra la burguesía nacional. El desarrollo del capitalismo es desigual, nos ha dicho Lenin. Cada país es característico, cada país capitalista es dirigido por una burguesía característica. (...) Por tanto, cada clase obrera nacional debe aprovechar toda coyuntura nacional o internacional para realizar su revolución, independientemente de la situación o de las perspectivas o posibilidades revolucionarias de la clase obrera de un país vecino o lejano. Por tanto, si un conjunto de hechos peninsulares o determinados por una realidad internacional concreta hicieran posible la victoria proletaria en Cataluña, aunque no en los demás países hispánicos, la clase obrera catalana tendría el derecho y el deber de construir un Estado independiente y dispuesto a unirse, a federarse con otros estados populares o socialistas. Y lo mismo ha de decirse de Euskadi, de Galicia y de Castilla. Porque la comunidad de destino de los proletarios es internacional y no estatal, cuando un Estado multinacional practica el genocidio, el aniquilamiento sistemático de las nacionalidades más débiles. Es el caso de España. Y no admitirlo se filisteísmo, como diría Lenin. Lo que no debe ser la clase obrera de Cataluña es separatista por anti-castellanismo. Ciertamente, el pueblo castellano es proclive a maniobras genocidas. Sin embargo, también es la víctima. Porque, de las naciones hispánicas, fue la primera en perder sus libertades y ha sido después y es ahora carne de cañón de un enemigo común y al que, hermanados, tenemos que combatir y vencer. La separación por anti-castellanismo es una concepción burguesa totalmente opuesta a la concepción proletaria del problema nacional. Para la clase obrera de Cataluña, pues, el problema de la separación o no separación no es de principio, si no dialéctico. (Joan Comorera; ¿Es, sin embargo, la separación la solución posible, conveniente, justa?, 1953)

miércoles, 18 de marzo de 2020

Causas de la derrota de la insurrección de Reval en 1924

«¿Cuáles fueron las causas del fracaso de la Insurrección de Reval? Lo que acaba de ser expuesto acerca de los preparativos y el desarrollo de la insurrección demuestra que, en relación a la organización y a la táctica, los insurrectos cometieron una serie de errores de graves consecuencias. A grandes rasgos, las causas fueron las siguientes:

1) La dirección de la insurrección había sobrestimado el grado de desmoralización de las tropas de la guarnición así como la fuerza de la organización militar del Partido. Para llevar a cabo los objetivos que se proponían, las fuerzas eran manifiestamente insuficientes. Esto es indudable, incluso si la dirección hubiera logrado reunir a todos los hombres inscritos en la organización. La exageración del grado de desmoralización de las tropas consistía en el hecho de que, al enviar nueve hombres al tercer batallón del décimo regimiento, la dirección del Partido pensaba ganarse este batallón en su totalidad, y hacerle tomar parte activa en el derrocamiento del gobierno burgués. Sucedió lo mismo con el grupo de tanques y con el batallón de telegrafistas. Los soldados del tercer batallón, el batallón de telegrafistas y el grupo de tanques simpatizaban indudablemente con el Partido Comunista y eran hostiles a los oficiales y a todo el régimen burgués. Estas unidades hubieran ingresado en las filas de los insurgentes si hubiese habido dentro ellas un sólido núcleo de comunistas, o de la juventud comunista, o incluso un grupo de soldados revolucionarios que hubiesen recibido previamente instrucciones del Partido, o sea un núcleo capaz de resistir a la comandancia reaccionaria. Pero ese no era el caso. En lugar de dirigir toda la acción hacia la participación de los soldados y de los marinos en la insurrección, por unidades enteras o al menos por fracciones constituidas, en lugar de organizar una conveniente agitación política en el ejército, el Partido Comunista había separado a los soldados revolucionarios de sus unidades para unirlos a los grupos de obreros. Era un grave error. Era ingenuo pensar que el batallón del décimo regimiento, sin soldados comunistas, se pasaría activamente al campo de los insurrectos, siguiendo el llamado de nueve obreros desconocidos. Imaginemos la escena: las cinco y cuarto de la madrugada, todo está oscuro; el batallón está durmiendo; un grupito insignificante de hombres, desconocidos por todos, lo despierta y le asegura que la insurrección ha estallado, invitando al batallón a reunirse con los insurgentes. Los soldados no ven esta insurrección; las calles están vacías; no hay obreros. No sabían nada de los preparativos de la insurrección. ¿Qué actitud se podía esperar de ellos? Era de esperar que el batallón se mantuviera neutral hasta mayor Información. La mayoría de los soldados no sabían quién organizaba la revuelta: ¿los obreros o los fascistas? Si algo se podía esperar de este batallón –lo cual era probable, puesto que no tomó parte en la acción contra los obreros, y por ello fue parcialmente desarmado–, hubiera sido solamente en el caso de que un grupo más numeroso de obreros se hubiera presentado ante él, o de que hubiera habido, en el grupo, comunistas y soldados revolucionarios organizados.

martes, 17 de marzo de 2020

La organización del partido y la literatura del partido; Lenin, 1905


«Las nuevas condiciones que para la labor socialdemócrata se han dado en   Rusia después de la Revolución de Octubre, han puesto en la orden del  día la cuestión de la literatura del partido. La diferencia entre prensa legal   y prensa ilegal, esa triste herencia de la época de servidumbre en la Rusia  autocrática, comienza a desaparecer. Pero aún está muy lejos de haber  desaparecido. El hipócrita gobierno de nuestro Primer Ministro campea aún por sus cabales a tal punto que Izvestia Sovieta Rabochij Dieputátov se imprime «ilegalmente», pero, fuera del baldón que ello significa para nuestro gobierno, fuera del nuevo golpe moral que con ello recibe, nada resulta de las estúpidas tentativas del gobierno de «prohibir» aquello que ni siquiera está en condiciones de impedir. Cuando existía la diferencia entre prensa ilegal y prensa legal, la cuestión de la prensa de partido y prensa no partidista se resolvía de manera muy simple, pero también muy falsa y deformada. Toda la prensa ilegal era de partido, su edición corría por cuenta de las organizaciones y su distribución la hacían los grupos ligados, de un modo u otro, a los grupos de militantes prácticos del partido. Toda la prensa legal era no partidista –dado que el partidismo estaba proscrito–, pero «tendía» hacia éste o aquel partido. Como resultado de ello se daban los casos inevitables de asociaciones deformadas, de «convivencias» anormales, de falsos rótulos; las obligadas reticencias a las que debían recurrir los hombres que deseaban expresar los puntos de vista partidistas, se mezclaban con la incapacidad de profundizar o la cobardía de pensamiento de aquellos que no habían llegado a la altura de esos puntos de vista, de aquellos que, en el fondo, no eran hombres de partido.

lunes, 16 de marzo de 2020

Lenin contra el objetivismo burgués en la historia


«El rasgo principal de los razonamientos del autor, señalado ya desde el comienzo, es su estrecho objetivismo, que se limita a demostrar la inevitabilidad y la necesidad del proceso, y no hace ningún esfuerzo por descubrir en cada fase concreta de este proceso la forma de contradicción de clases que le es inherente; objetivismo que caracteriza el proceso en general pero no, por separado, las clases antagónicas de cuya lucha nace el proceso en cuestión. (...) El objetivista habla de la necesidad de un proceso histórico dado; el materialista hace constar con precisión que existen la formación económico-social dada y las relaciones antagónicas engendradas por ella. Al demostrar la necesidad de una serie dada de hechos, el objetivista siempre corre el riesgo de convertirse en un apologista de estos hechos; el materialista pone al desnudo las contradicciones de clase y, al proceder así, fija ya su posición. El objetivista habla de «tendencias históricas insuperables»; el materialista habla de la clase que «dirige» el régimen económico dado creando determinadas formas de reacción de las otras clases. Como vemos, el materialista es, por una parte, más consecuente que el objetivista y aplica su objetivismo con mayor profundidad y plenitud. No se limita a señalar la necesidad del proceso, sino que determina con exactitud qué formación económico-social es precisamente la que da su contenido a ese proceso, qué clase, precisamente, determina esa necesidad. En el caso dado, por ejemplo, el materialista no se limitaría a hacer constar que hay «tendencias históricas insuperables», sino que señalaría la existencia de ciertas clases que determinan el contenido del régimen dado y excluyen cualquier posibilidad de salida que no sea a través de la acción de los productores mismos. Por otra parte, el materialismo presupone el partidismo, por decirlo así, e impone siempre el deber de defender franca y abiertamente el punto de vista de un grupo social concreto siempre que se enjuicie un acontecimiento». (Vladimir Ilich Uliánov, LeninContenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve; A propósito del libro de P. Struve «Notas críticas acerca del desarrollo económico de Rusia», 1894)